LOS EXTRATERRESTRES PUEDEN SER UNA SOLA INTELIGENCIA.

 

” El famoso cosmólogo británico aborda en «El próximo paso» (BBVA) la poshumanidad, los viajes espaciales y la existencia de civilizaciones fuera de la Tierra.

«Al considerar las posibilidades de encontrar vida en otra parte (fuera de la Tierra), dada nuestra actual ignorancia deberíamos tener la mente abierta acerca de lo que pueda surgir y las formas que podría adoptar». El británicoMartin Rees, uno de los mejores cosmólogos del mundo y un divulgador apasionado, reflexiona en «El próximo paso: la vida exponencial», el último libro de BBVA dedicado a los avances científicos y tecnológicos como motores del cambio en la especie humana, sobre los viajes espaciales y la posibilidad de que no estemos solos en el Universo. Rees, que firma el último de los 18 capítulos de la publicación de acceso libre en internet, tiene un enfoque fascinante sobre cómo pueden ser nuestros hipotéticos vecinos en el Cosmos.

Según explica, de haber surgido inteligencia en otros mundos, podría haber ocurrido antes que en la Tierra (por ejemplo, en un planeta que orbite una estrella más antigua que el Sol) o evolucionado más rápidamente que aquí. Entonces, la vida en otra parte podría haber desarrollado capacidades que superarían con creces las nuestras.

Detectar una señal artificial sería un descubrimiento trascendental, dice el científico espacial, pero, ¿qué aspecto tendrían quienes la originen? Rees no cree que las criaturas inteligentes que podríamos encontrar tengan nada que ver con las que describe la cultura popular y sugiere que deberíamos esperar «algo muy distinto».

Según explica, si llegáramos a detectar vida extraterrestre inteligente, tendríamos muy pocas posibilidiades de «captarla» en el breve lapso de tiempo en el que aún conserve su forma orgánica. «Es mucho más probable que nos haya precedido y haya hecho la transición a formas electrónicas (e inorgánicas) hace ya tiempo», apunta. A su juicio, lo más probable es que una señal extraterrestre no nos llegue de una forma de vida biológica, no de una civilización extraterrestre tal y como la entendemos, sino de «cerebros electrónicos inmensamente complejos y potentes». Los extraterrestres «podrían ser una única inteligencia integrada».

 

 

Martin Rees está de acuerdo con los empeños de buscar señales de inteligencia fuera de la Tierra. Por ese motivo, respalda la iniciativa del multimillonario ruso Yuri Milner, que pretende llevar a cabo la más extensa búsqueda en la historia de vida tecnológica extraterrestre utilizando algunos de los telescopios más grandes del mundo. En el proyecto, llamado Breakthrough Listen, gigantescas radioantenas como las de Green Bank, en Virginia Occidental (EE.UU.) y Parkes, en Australia, rastrearán transmisiones de radio no naturales procedentes de estrellas cercanas y lejanas en una amplia frecuencia de 100 MHz a 50 GHz.

Sin embargo, el cosmólogo advierte que la posibilidad de éxito es muy pequeña (no más del 1%). Y aunque ocurriera, seguiría siendo muy difícil que fuéramos capaces de entender la señal, que milagrosamente estaría dirigida a nosotros. Más bien, se trataría de un subproducto o un fallo de funcionamiento de alguna máquina supercompleja que sobrepase con mucho nuestra comprensión. «Incluso si las señales fueran intencionadas, podríamos no reconocerlas como artificiales al no saber decodificarlas», dice.

 

 

Rees espera que personas que hoy estén vivas lleguen a poner un pie enMarte, como un paso más hacia a las estrellas. «Quizás sean los chinos», dice. Y espera también que para 2100 valerosos pioneros hayan establecido bases independientes de la Tierra, en el Planeta rojo o quizás en un asteroide. Pero cuidado, no habrá ninguna migración masiva desde la Tierra, porque, que sepamos, no existe el «planeta B».

Sin embargo, el científico recuerda que el espacio es un entorno terriblemente hostil para los humanos, así que es probable que quienes viajen a las estrellas no sean exactamente como nosotros. Los tripulantes serán poshumanos, criaturas orgánicas (cíborgs) que hayan ganado la batalla a la muerte o perfeccionado las técnicas de hibernación, que podrían viajar durante miles de años sin estar limitados a una vida de duración humana. De igual manera, unainteligencia artificial, un cerebro no biológico, podría construir gigantescos complejos excavados en lunas y asteroides y desarrollar allí «conocimientos tan alejados de nuestra imaginación como lo está la teoría de cuerdas para un ratón».

No es tan asombroso como parece. La biotecnología avanzada, la inteligencia artificial y la capacidad para explorar el espacio se desarrollan tan rápido «que no podemos predecir con seguridad ni siquiera lo que pasará cuando termine el presente siglo». Porque todo eso ocurrirá a una escala de tiempo tecnológica, mucho más veloz que la lenta selección darwiniana que ha marcado la evolución de la Tierra hasta ahora. Como dice el expresidente de la Royal Society, «las criaturas que presencien la extinción del Sol dentro de 6.000 millones de años no serán humanas, serán tan diferentes de nosotros como nosotros lo somos de los insectos».

 

 

Lo que llamamos el Universo, la consecuencia espacio-temporal del Big Bang, puede no ser más que una «isla» en un «archipiélago» tal vez infinito. Martin Rees introduce en su artículo de «El próximo paso» la idea de que podrían haberse producido infinidad de big bangs. Todos ellos formarían parte de un multiverso enfriado a ritmos distintos para terminar gobernado por leyes diferentes. Por eso, para el científico, nuestro actual concepto de la realidad física podría ser tan limitado en relación al todo como la perspectiva que tuviera de la Tierra un placton cuyo «universo» cabe en una cucharada de agua.

 

 

Por si el artículo de Rees no fuera suficientemente emocionante, el científico también plantea otra inquietante posibilidad. La inteligencia poshumana, expone, ya sea en forma orgánica o de artefactos que evolucionen autónomamente, desarrollará hiperordenadores con una potencia de procesamiento capaz de simular seres vivos, incluso mundos enteros. Así que tal vez seres avanzados ya tengan esta capacidad y superen con creces los mejores «efectos especiales» de las películas hasta el punto dereplicar todo un universo tan complejo como el que creemos habitar . «Puede que ya existan superinteligencias en algún lugar del multiverso, en universos más antiguos que el nuestro, o más idóneos que, con sus hiperordenadores, puedan crear universos virtuales en número muy superior a los ‘reales’», dice el autor para lanzar a continuación una reflexión escalofriante: «Tal vez seamos vida artificial en un universo virtual».

 

 

Martin Rees cree que, a lo largo de este siglo, flotillas de pequeñas naves robóticas explorarán y cartografiarán la totalidad del Sistema Solar. El paso siguiente será la minería y la fabricación en el espacio. Todos los objetos hechos por el hombre que hay ahora en el espacio han sido enviados desde la Tierra, pero, a medida que avance el siglo, «gigantescas fábricas robóticas serán capaces de instalar enormes placas solares y desmesuradas redes informáticas en el espacio», predice. Además, los sucesores del telescopio Hubble, con sus maravillosos espejos ensamblados en condiciones de gravedad cero, «ampliarán aún más nuestra visión de las estrellas, las galaxias y la inmensidad del cosmos».”

 

Origen: www.abc.es

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