TERREMOTOS: CÓMO PREPARARSE PARA EL “BIG ONE”.

Los científicos vaticinan que California afrontará un seísmo devastador

La tierra se convulsionó a lo grande en el sur de California la semana pasada. Jacob Margolis supo de inmediato que ese seísmo no era elbig one, el que se prevé será la madre de todos los terremotos.

Aunque su casa empezó a tiritar, por su experiencia entendió que no, que ese no era el monstruo. “No era una sacudida con una fuerza loca”, recalca.

Todavía se le espera.

No es una cuestión de mitología o de teorías conspirativas tan al uso en Estados Unidos. No, esto va en serio. Es ciencia. Los dos seísmos del 4 y 5 de julio en Ridgecrest, con un nivel del 6,4 y 7,1 en la escala de Ritcher, no son más que un recordatorio de que acecha ese otro gigantesco.

A la sismóloga Lucy Jones se la conoce como Lady Terremoto gracias a su sabiduría cultivada a lo largo de décadas, que se ha reforzado con las pedagógicas ruedas de prensa realizadas tras los dos recientes movimientos telúricos. Jones ha enfatizado en su carrera que sólo es una cuestión de tiempo el que se produzca una convulsión devastadora que golpee el poblado sur californiano.

Hacía veinte años que no se registraba una actividad semejante. Según Jones, resulta ilusorio imaginar que estas convulsiones, como regla, suponen un alivio del estrés sísmico. De hecho, estos terremotos incrementan el riesgos de futuras vibraciones.

El que cree de manera firme en ese pronóstico es Margolis, periodista científico especializado en esta materia y vecino del municipio angelino, cerca de la falla de San Andrés, el origen principal de la perenne trepidación.

“Estamos hablando de placas tectónicas y hay un 100% de opciones de que habrá un gran terremoto en algún momento que destruirá parte del sur de California”, dice en charla telefónica.

“La tierra se mueve en sus entrañas, no lo podemos parar y no podemos frenar que libere energía en esa fricción”, añade.

“Supongo que existe una remota posibilidad de que algo mágico suceda o –ironiza– que vengan los alienígenas y pongan fin a ese juego tectónico. De lo contrario, siempre podemos esperar el big one en esta zona”.

En su reciente libro The big ones: how natural disasters have shaped us (cómo los desastres naturales nos han configurado), la doctora Jones sostiene que “las placas tectónica no se han detenido de repente. Siguen empujando Los Ángeles hacia San Francisco al mismo ritmo que crecen tus uñas, unos 3,8 cm. por cada año”.

Margolis trabaja en la radio pública (KPCC) y es el autor de un podcast que precisamente se titula The big one, your survival guide, en el que se dedica a explicar a la audiencia cómo prepararse para sobrevivir a un terremoto potencialmente muy destructivo.

Uno de sus primeros consejos consiste en acabar con la creencia de que el portal de la vivienda es el mejor refugio. “No es más seguro que cualquier otra parte de la casa”, subraya. Cuenta que ese mito arranca del siglo XIX, cuando el portal era lo único que quedaba en pie de una casa de adobe después de un terremoto.

Al contrario, guarecerse ahí debajo puede ser fatal por algún desprendimiento. En lugar de ir corriendo a la entrada parece mucho más fiable meterse debajo de una mesa. Aclarado esto, Margolis hace la lista de indispensables. Entre otros: un galón de agua (3,7 litros) por persona y día, abastecerse del doble de comida o de medicinas en caso de enfermedad; tener unos zapatos al lado de la cama para evitar caminar entre cristales rotos; mantener cerca la documentación, indispensable para pedir ayudas; poner los espejos, los cuadros o las esculturas en un sitio que impida que le caigan a uno encima.

El pasado día 5 a él le cogió en la cama, leyendo, justo a su esposa. Lo más preocupante fue que el niño, en la otra habitación, empezó a llorar. La madre lo calmó.

“Me hallaba algo nervioso, una reacción normal al ver que todo se mueve alrededor. Pero racionalice que las habitaciones son seguras, que no me debía preocupar de que la casa colapsara al estar reforzada. Entendí que estaríamos bien, que los temblores se acabarían. Es un proceso de pensamiento pese a la adrenalina”.

Aunque “no hay una garantía absoluta” , comenta que “prepararte ha de hacerte sentir que estás equipado y esto te da confianza en que todo saldrá bien”.

Tal vez por su experiencia, Margolis suena tajante. “Un terremoto me da mucho menos miedo que el cambio climático”. Si bien el impacto de un seísmo se puede aminorar, no ve una salida igual al calentamiento global que, pronostica, hará inhabitable buena parte del sur de California, sea por altas temperaturas o por la subida del mar. “Esto es más terrorífico que un terremoto”.

Y eso que, al margen de esta última experiencia en que hubo pocos daños y, en apariencia, ninguna víctima mortal, Margolis residía a escasos quince kilómetros del epicentro de la sacudida que en 1994 dejó 57 muertos en Northridge. Su edificio se mantuvo en pie para hubo un par que se hundieron y causaron 16 óbitos.

Kenneth O’Dell, presidente del la Structural Engineers Association del sur de California, recuerda que edificios como esos que se hundieron –antiguos de poca altura y un aparcamiento debajo– todavía son muy comunes.

“Estas estructura se encuentran en riesgo de colapsar en caso de un gran terremoto”, advierte. O’Dell indica que el trágico sismo de hace 25 años permitió identificar el peligro de este tipo de inmuebles. “Se ha de requerir que sean reforzados”, insiste.

“No pretendo crear miedo –reitera–, el miedo paraliza. Lo que quiero es que los ciudadanos tengan conocimiento, sean conscientes de que el peligro es real y que existe una solución”.

Ante la perspectiva del big one, O’Dell avisa de que no se debe hacer una mala lectura del movimiento telúrico de la semana pasada. “Este tipo de edificios ha resistido un gran terremoto en Ridgecrest. Pero sería incorrecto decir que también van a soportar uno enorme, se llame como se llame, la próxima vez”, apostilla.

Es una de las cosas sorprendentes. Los ingenieros han analizado el impacto de este último seísmo en las estructuras y han detectado pocos daños.

A pesar del susto de 1994, Margolis no dejó de vivir cerca de la falla, como si nada. “Soy de Los Angeles, mi familia es de aquí, y siempre hay algo que se mueve”.

Sin atisbo de pánico, concluye que “el big one está viniendo”.

 

Origen: Terremotos: cómo prepararse para el ‘big one’

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