ASÍ SON LOS EXÓTICOS VIRUS QUE NOS ACECHAN.

Hasta hace poco, estos patógenos eran auténticos desconocidos en España. Sin embargo, debido al cambio climático y los viajes internacionales, están llamando a nuestra puerta.

Tienen nombres curiosos, que nos retrotraen a lugares exóticos y lejanos; pero están más cerca de lo que pensamos. Virus como chikungunya, zika, dengue o Crimea-Congo han dejado de ser esos patógenos extraños que no podían contraerse en España. La globalización y el cambio climático les están abriendo camino. Y, como un goteo, han empezado a registrarse los primeros casos autóctonos.

Hace apenas unos días, saltaba la alarma en Sevilla ante una sospecha de Crimea-Congo, un tipo de fiebre hemorrágica que se transmite por la picadura de una garrapata infectada. Por precaución, la paciente, una mujer de 74 años, fue inmediatamente sometida a medidas de aislamiento, aunque, finalmente, un análisis del Centro Nacional de Microbiología descartó la enfermedad.

“Se daban todos los criterios que hacen necesario poner en marcha el protocolo de actuación”, explica José Miguel Cisneros, director de la Unidad Clínica de Enfermedades Infecciosas, Microbiología y Medicina Preventiva del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, el centro donde permaneció bajo aislamiento la paciente.

“Ante un caso sospechoso siempre hay que actuar”, señala el especialista, quien recuerda que, aunque no es grave en todos los casos, el virus es uno de los considerados “de alta transmisibilidad”, lo que exige medidas especiales que protejan, sobre todo al personal sanitario -el más vulnerable-, de nuevos contagios.

En España, los dos primeros casos clínicos de Crimea-Congo se diagnosticaron en 2016, aunque se sabía que, desde 2010, el patógeno ya estaba presente en garrapatas del género Hyalomma en zonas agrestes de Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha, Castilla y León y Madrid.

El primer caso en humanos se produjo en un hombre de 62 años que, tras sufrir una picadura de garrapata en un paseo por el campo en la provincia de Ávila, comenzó a experimentar síntomas compatibles con la enfermedad. Seguidamente, una de las enfermeras que le trató contrajo el virus, que además de por la picadura del artrópodo, puede transmitirse por el contacto directo con sangre y otros fluidos contaminados.

En 2018, se registraron dos nuevos casos, si bien el último de ellos fue identificado de forma retrospectiva por una investigación que un equipo de la Universidad de Salamanca realizó hace unos meses.

“Es una enfermedad de importancia en salud pública en la región europea que se ha convertido en endémica en Turquía y la región de los Balcanes “, señala Antoni Trilla, jefe del Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínic de Barcelona y uno de los miembros de la red de expertos que, en nuestro país, vela por mantener bajo control a estos llamados virus emergentes.

Existen varios factores que explican por qué patógenos que antes sólo se circunscribían a determinadas localizaciones están viviendo una auténtica expansión global. Y se resumen en tres claves: cambio climático, deforestación e interconexión mundial.

“La globalización, en su sentido más amplio, facilita el traslado rápido de personas, animales y mercancías por todo el mundo”, aclara Trilla. “Y los virus son una de las especies que más ha aprovechado este fenómeno, pudiendo trasladarse de un punto a otro del planeta en pocas horas”, subraya.

Además, apunta Natalia Rodríguez, investigadora del Programa de Virus Emergentes del Instituto de Salud Global de Barcelona -impulsado por ‘la Caixa’-, las fronteras entre las zonas urbanizadas y vírgenes en la naturaleza cada vez son más permeables, lo que facilita el contacto humano con determinados patógenos.

Por último, lo que acaba de crear esta ‘tormenta perfecta’ para los virus es el calentamiento global, que favorece la presencia en nuevas localizaciones de los vectores que estos agentes infecciosos necesitan para llegar a los humanos.

Lo ocurrido con el ‘mosquito tigre’ en España es un ejemplo paradigmático de este fenómeno.

Hasta 2004, el Aedes albopictus, el nombre científico que recibe el insecto, no estaba presente en la Península Ibérica, por lo que no podían darse casos autóctonos de algunas de las enfermedades que transmite, como dengue, Chikungunya o zika.

Hoy, sin embargo, este mosquito se ha establecido en municipios de todas las provincias de Cataluña, Aragón, Comunidad Valenciana, Región de Murcia, Islas Baleares, País Vasco, Extremadura, Comunidad de Madrid y gran parte de Andalucía, según datos del Ministerio de Sanidad.

Por eso, puede darse la circunstancia de que un viajero internacional se convierta en el caso índice de una infección al regresar a España con un virus importado. Aunque no existan síntomas, por su sangre ya circulan los virus de la enfermedad; así que, si un mosquito local le pica, puede iniciarse una pequeña cadena de transmisión en la que resulten afectados ciudadanos que no se han movido del país.

Algo así fue lo que ocurrió en 2018, cuando se notificaron en España los primeros casos autóctonos de dengue, una enfermedad que, aunque en la gran mayoría de los casos no es grave, puede causar complicaciones serias en un pequeño porcentaje de afectados, sobre todo si se dan coinfecciones.

Sanidad confirmó, a principios de octubre de aquel año, que tres miembros de una misma familia habían contraído la enfermedad en un viaje de verano por Andalucía y Murcia. Pocos días después, se notificaron otros dos nuevos casos, posiblemente asociados a los primeros; y ya en noviembre, las autoridades sanitarias informaron de otro caso adicional que no parecía guardar relación con los anteriores.

Se llevó a cabo una investigación exhaustiva y, finalmente, los estudios epidemiológicos y microbiológicos mostraron que el contagio se había dado a partir de dos casos de enfermedad importada gracias a la ‘colaboración’ de mosquitos tigre locales.

Parecía que el mismo patrón iba a volver a repetirse el pasado mes de junio, cuando las autoridades sanitarias informaron de los primeros casos de Chikungunya autóctonos.

Un hospital de Reijkiavik aseguró haber diagnosticado la enfermedad a tres miembros de una misma familia islandesaque había pasado unos días de vacaciones en Alicante en mayo.

 

Un análisis posterior, sin embargo, descartó la enfermedad. Pero a ningún especialista en Salud Pública le sorprendió el primer anuncio. Porque hace tiempo que saben que en nuestro país se dan las condiciones necesarias para la llegada de este y otros virus, como el zika, que entre 2015 y 2016 provocó una grave epidemia en América Latina.

“En países cercanos, como Francia e Italia, ya se han registrado, de hecho, casos autóctonos de Chikungunya”, señala Fernando de la Calle, especialista de la Unidad de Medicina Tropical y del Viajero del Hospital La Paz-Carlos III (Madrid).

Pese a que España se ha convertido en un destino amable para estos patógenos, los especialistas consultados no creen que vayan a producirse grandes brotes de estas enfermedades en el futuro inmediato. “Creo que, al menos a corto plazo, estos virus no van a ser comunes en nuestro país. Probablemente veremos nuevos casos, pero de forma anecdótica”, pronostica De la Calle.

“Tanto en nuestro país como en Europa hay sistemas de vigilancia de alto nivel y protocolos de actuación que permitirían, en cualquier caso, controlar las enfermedades”, coincide Cisneros; subrayando un hecho que también remarcan fuentes del Centro Coordinación de Alertas y Emergencias (CCAES), el nodo que ‘patrulla’ la presencia de enfermedades emergentes en nuestro país.

“El Real Decreto de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica del año 1995 fue modificado en 2015 para incluir nuevas enfermedades de interés, entre las que se encuentran muchas de estas enfermedades”, señalan las citadas fuentes. Y eso, aclaran, implica no sólo la notificación obligatoria de los casos o la puesta en marcha de protocolos específicos de respuesta, sino también el desarrollo de sistemas de alerta, como el proyecto de vigilancia entomológica que, en aeropuertos y puertos está atento a posibles vectores importados de enfermedades infecciosas.

“Tenemos grandes profesionales en todos los campos implicados, pero la dotación real de recursos técnicos y especialmente humanos es manifiestamente mejorable”, lamenta, sin embargo, Trilla, quien recuerda que pese a que “hay que prepararse para las crisis en tiempos de paz y tranquilidad”, los sistemas de vigilancia epidemiológica y microbiológica son “la hermana pobre de la hermana pobre de Cenicienta en España”.

Chikungunya, dengue, zika o Crimea-Congo son algunas de los patógenos emergentes que, con mayor facilidad, podrían transmitirse en nuestro país. Pero no son los únicos. Otros agentes, como los coronavirus MERS y SARS, los nuevos virus de la gripe, o la llamada enfermedad X -la denominación que la OMS ha empleado para designar a esa enfermedad aún desconocida que, en cualquier momento, puede dar el salto a los humanos- también son una importante amenaza.

“Nuestra salud, hoy, es global”, concluye Trilla. “Y supone estar pendiente no sólo de lo que les pasa a los humanos, sino también a los animales y el entorno. Tenemos un solo mundo y también una sola salud”.

 

Origen: ELMUNDO

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.