LISTOS PARA EL APOCALIPSIS.

Se llaman preparacionistas y se entrenan para que ninguna catástrofe les sorprenda con la guardia baja. Cada vez son más, pero no se dejan ver

JAVIER GUILLENEA
Sábado, 20 julio 2019, 19:42

La última tormenta solar pasó de largo sin grandes contratiempos, por no decir ninguno, aunque pudo haberlos; al menos, eso es lo que algunos advertían. Pero no hay que bajar la guardia. Habrá más tormentas y quizá algún día ocurra lo tantas veces temido y nunca visto. O puede que un asteroide choque contra la Tierra, no sería la primera vez, o que un virus letal se escape de algún laboratorio subterráneo o que nos invadan los extraterrestres o, por qué no, que se desencadene un apocalipsis zombi.

Son peligros quizá un tanto improbables, pero hay más; por cantidad, que no quede. En lo tocante a riesgos algo más próximos, la Humanidad es como un niño encerrado en una cocina bien provista de enchufes, cajones abiertos, sartenes con aceite, cazuelas con agua hirviendo y cuchillos. Donald Trump amenaza con el fin de Irán, Venezuela se adentra cada vez más en el desastre, Corea del Norte juega con sus misiles, Europa se tambalea ante la mirada satisfecha de Rusia y sobre el horizonte asoma la sombra de una nueva recesión económica. Hay otra clase de peligros, que son los que sí veremos cumplidos. Este verano habrá en España grandes incendios que provocarán el desalojo de pueblos y urbanizaciones.

Los vecinos, alertados por los bomberos, abandonarán sus hogares con lo puesto y sin saber muy bien qué hacer. Se darán cuenta demasiado tarde de que no estaban preparados para algo así, como no lo estarán los habitantes de las localidades que se verán anegadas por las trombas de agua que sin duda caerán en las próximas semanas. El fuego y las lluvias torrenciales causarán este año estragos en España. No es ninguna profecía; en Tarragona y Tafalla ya ha ocurrido.

Hay personas que no solo son conscientes de ello, sino que se preparan para afrontar el desastre cuando llegue el momento. Son muchos, están repartidos por todo el país y se llaman preparacionistas o ‘preppers’. Viven y se entrenan para hacer frente con sus propios medios a lo inesperado y forman una comunidad que se aglutina en internet a través de blogs que reciben decenas de miles de visitas. Cada vez son más, pero no es fácil verlos.

Primera norma de seguridad. «Que nadie sepa dónde estás ni quién eres». La advertencia es de Carlos, portavoz de la web ‘proapocalipsishoy‘, en la que se habla de tormentas solares, pandemias o meteoritos, y se ofrecen consejos para sobrevivir a avalanchas humanas o técnicas de conservación de alimentos sin refrigeración. La norma no es ninguna broma. En caso de catástrofe, quienes tengan una despensa bien provista pueden convertirse en el objetivo de vecinos menos previsores que busquen desesperadamente comida o medicinas. Por eso es mejor pasar desapercibido. No se trata de no ayudar, sino de no perder el control de la situación.

– ¿En qué zona vive?

– Prefiero no decirlo. Pon que en el noroeste.

– ¿Tiene armas?

– Dentro del marco legal.

– ¿De qué tipo?

– No comento más, lo dejo ahí.

Carlos, así es al menos como se hace llamar, es un preparacionista que ha extremado sus precauciones, hasta el punto de que compró su actual vivienda en una zona aislada, alejada de núcleos grandes de población, que son los más problemáticos si se produce un desastre. Su casa, con sus cultivos y sus animales, es su refugio, la balsa que le mantendrá a flote; en ella almacena alimentos imperecederos y todo lo necesario para ser autosuficiente y «no depender de medios externos». «Es como cuando contratas un seguro, que puede pasar algo o no ocurrir nada», dice.

Para ser un buen preparacionista hay que estudiar. No basta con acumular unas cuantas latas en la alacena y esperar a que llegue el diluvio universal. Raúl ‘Lobo’ Hurtado, ex boina verde del Ejército, es el director del centro de formación para la supervivencia Lobo 7, en el que enseña técnicas para salir adelante en entornos o situaciones difíciles. En sus instalaciones de Alicante, él y sus compañeros, algunos también veteranos de operaciones especiales, ofrecen cursos de materias tan variadas como botánica, primeros auxilios, tecnologías prehistóricas y obtención de fuego y agua.

SURVIVALISTAS.

Muchos de sus alumnos son survivalistas, gente que busca nuevas experiencias en la naturaleza y se acerca a este tipo de actividades con un espíritu deportivo, pero otros son ‘preppers’ interesados en aprender a ser autosuficientes. «Yo entiendo su postura, creo que es el reflejo de la actualidad, de una sociedad preocupada y convulsa y con falta de confianza en sus sistemas de gobierno. Algunos me han llegado a confesar que si no hicieran nada para prepararse se sentirían insoportablemente pusilánimes ante la inseguridad de los suyos», asegura Raúl Hurtado.

Sus alumnos son normales, no van por ahí con capuchas, una pistola al cinto y una máscara de gas en la mochila. «Hay dependientes, policías, camareros, farmacéuticos, directores de bancos o CEOS de grandes multinacionales», apunta. No solo almacenan alimentos, sino que también adquieren conocimientos de mecánica, transmisiones por radio o permacultura -diseño agrícola basado en las características específicas de cada ecosistema-. «Son más de los que creemos y su número se está multiplicando», afirma el ex boina verde. Entre los que más aumentan destacan los catalanes, que no ven muy claro su futuro. «Por aquí han pasado mossos, guardias civiles, independentistas y de los otros, y muchos me han dicho que temen una guerra, por eso se están preparando. En Cataluña, el auge de los ‘preppers’ es tremendo».

Raúl Hurtado distingue entre tres tipos de preparacionistas. Por un lado están «los más preocupados por la estética y las series de televisión apocalípticas, que son los menos serios». En otro nivel se hallan «los que se sienten responsables de su familia y se implican para ganar tranquilidad». Los terceros, los peligrosos, son quienes «llegan a obsesionarse y viven en un constante estado paranoico de emergencias» o los que buscan en este movimiento «la excusa perfecta para armarse hasta los dientes». «He apartado a alguna persona así de mis cursos, no puedes dar ciertas habilidades a este tipo de gente», reconoce el instructor.

Por las precauciones que adopta, parece que Juan -nombre ficticio, por supuesto- forma parte del grupo de los de la paranoia. El contacto se lleva a cabo a través de una tercera persona que no se muestra muy optimisma sobre el resultado de su gestión. El ‘prepper’ le ha dicho por su cuenta de email, en la que los mensajes se eliminan automáticamente cada hora, que antes de conversar con el periodista debe hacerse con un teléfono móvil limpio para no dejar rastros de la conversación. No parece demasiado motivado, pero al final accede a hablar.

«Es que ocupo un puesto de responsabilidad en una gran empresa y todo esto del preparacionismo tiene muy mala fama», se excusa en cuanto se le pregunta sobre la razón de tanto secretismo. Juan reside cerca de un pinar, en una zona propensa a las riadas y los incendios donde existe una «posibilidad razonable» de que tarde o temprano haya una urgencia. Por eso, una o dos veces al año, organiza junto a su familia un simulacro de evacuación. A simple vista, puede parecer una extravagancia, pero el anónimo ‘prepper’ borra esa idea con un argumento convincente: «Si tu empresa lo hace, ¿por qué no lo haces tú en casa?».

Resulta que Juan no es un hombre obsesionado. Al menos, eso es lo que asegura. «Soy ‘prepper’ por sentido común, no estoy todo el día pensando en ello», sostiene. Eso sí, parte de la base de que «hay que prepararse para imprevistos». «Es una actitud ante la vida, ante lo que pueda ocurrir», recalca.

CUANDO FALLE EL ESTADO.

Por eso lleva en su coche una emisora de banda ciudadana para no quedarse incomunicado en caso de problemas y en su casa siempre tiene almacenada comida para resistir las primeras 48 horas después de un desastre, que es «lo que tarda la Unidad Militar de Emergencias en desplegarse». También posee en su vivienda un pequeño generador por si se va la luz, tiene conocimientos de mecánica y ha recibido cursos avanzados de primeros auxilios para aprender a poner torniquetes o atender a infartados. «En un accidente de tráfico, la causa principal de muerte son las hemorragias masivas; ahí solo tienes 40 segundos para reaccionar», explica.

«El Estado no siempre nos puede proteger. Cuando se vea incapaz de hacerlo, no vendría mal que cada uno asuma su responsabilidad», afirma Mario Pérez Rodríguez, autor del libro ‘Preparados: una guía para tiempos difíciles’. Él se autodefine como «una persona previsora ante cualquier imprevisto que pueda surgir» y que siempre tiene la despensa bien provista de productos de larga caducidad. «No hablamos de nada nuevo, nuestros abuelos siempre tenían comida almacenada», dice.

Quizá no ocurra nada, pero nunca se puede estar seguro. Es improbable que los zombis nos invadan, aunque cosas peores han sucedido. «Mire lo que pasó en Yugoslavia», recuerda Mario Pérez. «Y con el huracán ‘Katrina’ mucha gente se habría ahorrado problemas si hubiera estado preparada», añade. Como dice uno de los ‘preppers’, «las cosas malas pasan, por eso hay que estar listos».

Desastres más o menos lejanos

Apocalipsis zombi.
Según un estudio de varios investigadores brasileños, en caso de un ataque zombi, sería necesario un mínimo de 47 soldados por cada 1.000 habitantes para asegurar la supervivencia humana. Solo Corea del Norte se salvaría.
Guerra nuclear.
Izumi Nakamitsu, responsable de Asuntos de Desarme de la ONU, aseguró en abril que el riesgo de una guerra nuclear, «ya sea intencionalmente, por accidente o por error de cálculo», es «el más alto en generaciones».
Ataque PEM.
Una bomba de pulsos electromagnéticos (PEM) podría dejar a todo un país sin luz y sin redes de comunicación móvil. Los sistemas GPS dejarían de funcionar y la mayoría de los coches quedarían inutilizados.
Deuda global.
Algunos preparacionistas ven inminente el momento en el que la deuda mundial explote como una burbuja y se produzca una crisis que hará que los gobiernos caigan y el orden social se colapse.
Brexit duro.
El riesgo de que se produzca un Brexit duro ha llevado a muchos habitantes de Reino Unido a hacer acopio de alimentos y productos básicos para contar con una nutrida despensa frente a una eventual escasez.
2060.
Es el año del fin del mundo, según el científico Isaac Newton. A partir de la Biblia, dedujo que se producirá 1.260 años después de la refundación del Sacro Imperio Romano.
Cambio climático.
Las consecuencias del cambio climático ya son una realidad que se está plasmando en un incremento de temporales, períodos de sequía, inundaciones e incendios. España, Italia y Grecia padecerán un proceso salvaje de desertificación.

 

 

Origen: Listos para el apocalipsis | Las Provincias

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